El Síndrome de Asperger un trastorno invisible

El Síndrome de Asperger se presenta frecuentemente como una realidad incomprendida. A diferencia de otras condiciones, los rasgos no siempre son perceptibles a simple vista, lo que lleva a menudo a juicios erróneos por parte del entorno.

Comprender la complejidad de los niños y niñas con Asperger, es necesario analizar su desarrollo en relación con los hitos evolutivos de su grupo de edad. La transición de la “lástima” hacia una comprensión técnica y empática es fundamental para mejorar la interrelación social y la inclusión efectiva.

Rasgos característicos y perfiles de afectación

 

Los profesionales han definido el comportamiento normalizado desde diferentes perspectivas del Síndrome de Asperger. 
Sin embargo, al estar dentro del espectro TEA cada uno de los afectados por este síndrome posee un un perfil único y puede compartir rasgos comunes con notros Asperger que pueden o no manifestarse en función del grado de afectación:


  • Primero, divergencia en habilidades sociales: intereses marcadamente diferentes a los de su entorno, acompañados de una honestidad, sinceridad e ingenuidad naturales.
  • Segundo, dificultad en la gestión emocional: retos en la expresión y comprensión de las emociones propias y ajenas.
  • Tercero, léxico y comunicación peculiar: ausencia general de trastornos del lenguaje, pero uso de un vocabulario inusualmente culto. Presentan dificultades en el contacto visual y tendencia a monologar sobre temas de interés personal.
  • Cuarto, déficit en el procesamiento pragmático: dificultad para interpretar el lenguaje no verbal, las ironías o el sarcasmo. Requieren mayores tiempos de latencia para procesar y responder a preguntas complejas.
  • Quinto, focalización en intereses específicos: capacidad de análisis detallado y clarividencia superior en temas concretos. Por ejemplo, en el juego, un niño con Asperger puede centrarse en el mecanismo de giro de una rueda antes que en la onomatopeya del vehículo.
  • Sexto, desarrollo del pensamiento simbólico: capacidad para crear representaciones simbólicas para el aprendizaje sin necesidad de una experiencia física directa.
  • Séptimo, entrenamiento en empatía: dificultad para la empatía orgánica, la cual suele requerir un entrenamiento específico y pautado para lograr una comunicación efectiva.
  • Octavo, retos en la motricidad: dificultades en la motricidad fina y gruesa que, con atención temprana, pueden superarse para realizar tareas como el uso del compás o actividades deportivas.

La importancia de la inversión en atención temprana

La mejor estrategia para paliar estas deficiencias es proporcionar una atención temprana intensiva. Basándome en la experiencia clínica, las terapias cognitivo-conductuales se posicionan como la herramienta más eficaz. Aunque actualmente no siempre están cubiertas por el sistema público, representan una inversión social necesaria. Un diagnóstico precoz y la especialización de los profesionales son los pilares para que estos niños y niñas alcancen su máximo potencial.

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