Dícese que la madera tiene dos enemigos: el fuego y el agua. Entre los argumentos o falsos mitos que suelen repetirse como verdades universales encontramos aquel que hace referencia a por qué es tan peligrosa en situación de incendio. Esta creencia se fundamenta en el hecho de que es un material combustible. 

Además, también se tiende a difundir la idea de que la madera, en contacto con el agua y con el paso del tiempo, acaba por pudrirse. Sin embargo, algunos iconos arquitectónicos demuestran que este noble material lleva siglos desafiando a ambos mitos.

La paradoja de la madera frente al incendio

Grandes incendios a lo largo de la historia han alimentado el imaginario colectivo, que asocia la madera con casas que arden fácilmente por ser un material combustible. Sin embargo, ésta presenta un comportamiento curioso frente al fuego. A diferencia del acero — que pierde rigidez a altas temperaturas —  o del hormigón — que se desconcha debido a la dilatación —  desarrolla un mecanismo natural de autoprotección durante la combustión.

Cuando se produce la ignición, la madera arde rápidamente. Sin embargo, al alcanzar altas temperaturas se forma una costra de carbón en el exterior. Esta capa carbonizada actúa como aislante térmico, reduciendo la conductividad del calor e incrementando la predictibilidad del comportamiento del material, lo que da margen de maniobra a los equipos de salvamento.

El incendio de Notre Dame en abril de 2019 ilustra con precisión este comportamiento. La catedral fue construida con vigas de roble de gran sección durante los siglos XII y XIII. Paradójicamente, durante el incendio, la prensa generalista atribuyó la rapidez y virulencia del fuego al hecho de que la estructura fuera de madera. Sin embargo, miles de parisinos observaron cómo, durante horas, las vigas se carbonizaron sin perder su capacidad mecánica ni portante.

Lamentablemente, no ocurrió lo mismo el 11 de septiembre de 2001 con las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York. El componente estructural, cuyo recubrimiento ignífugo se desprendió en gran parte tras el impacto del atentado terrorista, no logró soportar las extremas temperaturas del incendio. En consecuencia, la estructura acabó colapsando en menos de dos horas.

El secreto de Venecia

El mito sostiene que el agua pudre la madera. Sin embargo, si fuese cierto, ¿por qué habría sido durante siglos un material esencial en los astilleros y en la construcción naval hasta la apertura de grandes líneas de navegación? Las especies duras como el roble han sido ampliamente escogidas para la quilla –- parte de la estructura que recorre la parte inferior del barco de proa a popa — reservando especies blandas para elementos ornamentales o de carpintería.

Una vez más, la realidad contradice al mito. La pudrición no se produce por la acción del agua en sí, sino por la proliferación de organismos xilófagos que se alimentan de la lignina y la celulosa que la componen. La madera es un material higroscópico, capaz de absorber y liberar humedad en función de las condiciones ambientales. Cuando el contenido de humedad supera determinados umbrales, se crean las condiciones propicias para el desarrollo de microorganismos responsables de su degradación.

Venecia es el mejor ejemplo para ilustrar este punto. La mítica ciudad italiana se construyó sobre tierras pantanosas de una laguna como refugio frente al peligro de las incursiones bárbaras. Las poblaciones del Véneto se refugiaron en los islotes de la laguna, cuya orografía frenaba el avance de las tropas enemigas, pues las embarcaciones de gran calado embarrancaban y la caballería no podía avanzar por el barro.

En este contexto, los venecianos se vieron obligados a implementar un sistema constructivo de ingeniería hidráulica que les permitió edificar sobre suelos arcillosos e inestables de las 118 pequeñas islas pantanosas de una laguna salobre. Su solución consistió en clavar millones de troncos procedentes de bosques europeos en el lecho marino hasta alcanzar una capa de arcilla compacta.

Estos pilotes no se pudrieron porque quedaron enterrados bajo el barro y sin oxígeno, lo que impidió durante siglos el ataque de bacterias y hongos. Además, la presencia de minerales en el agua contribuyó a consolidar la madera con el paso de los siglos.

Sobre los pilotes colocaron tablones de madera y, encima, gruesas capas de piedra de Istria — piedra caliza impermeable — creando una base plana sobre la que se erigieron no solo viviendas, sino también grandes estructuras como palacios e iglesias de piedra. Descubre más sobre los secretos de ingeniería de Venecia visualizando este vídeo sobre su construcción.

Más allá de los mitos

El fuego y el agua suelen considerarse los grandes enemigos de la madera. Sin embargo, esta percepción simplifica en exceso el comportamiento de un material que ha demostrado su resistencia a lo largo de siglos de historia constructiva.

La realidad demuestra que la madera ha desafiado durante siglos estas falsas creencias. Por un lado, cuando arde desarrolla una capa carbonizada que protege su núcleo estructural y retrasa el colapso.

Por otro lado, la madera sumergida en agua ofrece condiciones que impiden el desarrollo de los microorganismos responsables de su putrefacción.

Los casos analizados ponen de manifiesto la necesidad de revisar, tanto desde el ámbito social como desde el técnico, numerosos prejuicios asociados a los materiales de construcción. El incendio de Notre Dame demostró que la combustibilidad de la madera no implica una pérdida inmediata de capacidad estructural. Su predictibilidad permite salvar vidas en situaciones de incendio. Especialmente, cuando de un minuto depende la salvación de vidas humanas.

En los sucesivos Congresos de Fusta Constructiva, se ha puesto de manifiesto la necesidad de implementar en el currículo de nuestras universidades de arquitectura asignaturas que ayuden a comprender las propiedades y su correcta implementación en el diseño arquitectónico.

Venecia es una muestra de que la humedad no es la causa de su deterioro. Los dos casos ilustran la necesidad de revisar prejuicios fomentados socialmente. Es necesario comprender sus diferentes especies y aplicar el conocimiento técnico de sus propiedades en la fase del diseño arquitectónico.